¿Qué decir de ellos?Son mis tíos incondicionales. Son buenas personas, son entrañables, son generosos, estupendos, entregados, amables... en fin los quiero mucho.
Ellos contribuyeron a que mi niñez y la de mis hermanos fuera la mejor. Recuerdo sus recogidas en Rosalejo para llevarnos a Talayuela de fin de semana, recuerdo cuando íbamos a la terraza de la gasolinera a tomarnos el helado de "al corte" todas las noches de verano, recuerdo los moñicles que me hacía mi tía Pauli que me parecía a Dulcinea del Toboso, recuerdo los cuentos de María Ría, muertos de miedo en casa de mi abuela, recuerdo los baños en el río Tiétar; recuerdo cuando estrenamos la mesa grande en su piso nuevo para cenar; recuerdo los atracones de chocolate Nestlé y bombones por las tardes alrededor de la mesa camilla; recuerdo las partidas de cartas en casa de Tía Victorina; recuerdo los paseos por el Pinar en busca de setas... En fin todo son recuerdos buenos.
Bueno algunos no tan buenos, cuando dejé caer el carrito con Javier siendo bebé en la puerta de Isidoro y Victorina.Fue horrible pero la verdad que rápido se pasó el susto.
Ellos forman parte de mi pasado, de mi presente y siempre de mi futuro.
Tienen cuatro hijos maravillosos fruto de todo su esfuerzo y duro trabajo. Espero llegue el día que puedan disfrutar viéndoles ya volando solitos y contribuyendo a que su felicidad sea plena. Eso se cumplirá seguro.
Mi único deseo para ellos es verles felices siempre!